Y a los empresarios, eso les está costando más de lo que creen.
Piénsalo un momento.
De dinero casi no se habla en la iglesia. Y de Dios no se habla en los negocios.
Son dos mundos que no se tocan. Hasta suena raro mezclarlos, ¿verdad?
Pero si tienes un negocio, seguro conoces esta vida:
El domingo oras por tu empresa. Le pides a Dios que te vaya bien.
Y el lunes abres el negocio y todo lo decides tú solo. Con miedo. Con la presión del mes encima. Como si Dios no tuviera nada que decir ahí.
No es hipocresía. Es que nadie te enseñó a juntar las dos cosas.
Y mira lo que hay allá afuera para ayudarte:
Por un lado, miles de cursos de negocios. Te enseñan a vender más, a salir de deudas, a poner orden en tu plata. Pero de Dios, ni una palabra.
Por el otro, devocionales muy bonitos. Te hablan de fe, de paz, de confiar. Pero no te dicen qué hacer con la nómina que hay que pagar el viernes.
Entonces vives partido en dos. La fe por un lado. El negocio por el otro.
Y mientras esos dos mundos sigan separados, tu negocio tiene un techo. Un techo invisible. Uno que ninguna estrategia de marketing puede romper.
Yo eso lo viví en carne propia.
Me llamo Camilo Hernández. Soy hijo de Dios, empresario e inversionista. En ese orden.
He cometido errores que me costaron caro. He tenido meses donde no sabía si la caja iba a alcanzar. He pasado tormentas dentro de mis empresas.
¿Y sabes qué lo cambió todo?
Dejar de tener a Dios en un cuarto y al negocio en otro.
Empecé a meter Su sabiduría en mis decisiones reales: en la plata que entra, en las deudas, en el equipo, en mi familia, en la forma de decidir cuando hay presión.
Hoy tengo una empresa en Colombia que funciona sin que yo esté allá, y otra en Estados Unidos. Entre las dos damos trabajo a más de 80 personas.
No te lo cuento para impresionarte. Te lo cuento porque nada de eso pasó por ser el más inteligente.
Pasó porque junté las dos cosas que todo el mundo separa.
Cuando más lo necesité, busqué algo que me enseñara esto. No lo encontré en ningún lugar.
Así que lo hice yo.
Son 21 días. Cada día haces 3 cosas:
Eso es todo. Menos de 10 minutos al día, más la tarea.
Los 21 días van en orden: primero tu mentalidad, luego tu plata, luego tu liderazgo y al final la visión de tu negocio.
El día 21 firmas un pacto: cinco compromisos para los siguientes 30 días.
También te llevas el resumen de cada día en PDF, con la tarea incluida.
Entras hoy, empiezas hoy y avanzas a tu ritmo.
Ahora, esto no es para todo el mundo.
Si buscas algo bonito para leer y ya, no lo compres. Aquí hay tareas.
Si no quieres mirar tus números de verdad, no lo compres. Aquí los vas a mirar.
Y si crees que Dios no tiene nada que decir sobre tu dinero, esta carta no te va a convencer. Este devocional tampoco.
Cuesta 27 dólares.
Si uno solo de los 21 principios te ayuda a evitar una mala decisión con tu plata, ya lo pagaste. Y son 21.
Quiero empezar Acceso inmediato · ¿Problemas con el pago? Escríbenos por WhatsAppUn abrazo,
Camilo Hernández
PD: El domingo tienes fe. El lunes abres el negocio y se te olvida. Juntar esas dos cosas te toma menos de 10 minutos al día, durante 21 días. La única excusa que queda es no empezar.